¿Quién ayuda a los trabajadores sociales?

“El grito” (1893), óleo del pintor expresionista noruego Edvard Munch que retrata la angustia humana. Galería Nacional de Noruega. (Foto: Wikipedia)

Por Dr. César Garcés Carranza, PhD (*)   /

Como trabajadores sociales tratamos de resolver los vacíos en nuestras vidas ayudando a los demás. Detrás del interés personal por la ayuda a los demás –incluyendo a: la pareja, hijos, padres, hermanos, y demás familiares– están las necesidades de reconocimiento, de sentirse necesitado, de control y de ayuda entre otros.

La energía invertida en los procesos de ayuda es cada vez mayor y menor la que se dedica a uno mismo, generando así el desgaste físico y estrés emocional, que al no ser identificado como tal y no recibir atención, podría desencadenar problemas físicos y emocionales que son reconocidos en la salud mental. Una de las maneras para poder superar y cambiar la energía en nosotros mismos seria participando en el proceso de crecimiento profesional y de autoayuda.

Seguramente muchos de nosotros los trabajadores sociales dedicamos nuestras vidas ayudando a que otros se recuperen emocionalmente y estoy casi seguro de que somos el centro en nuestras familias porque nos ocupamos de resolver problemas de otros, de hacer felices a nuestros familiares o tratamos de hacer menos traumáticas las situaciones que podrían empeorar.

Cuando pregunto “¿Quién ayuda al que ayuda?”, me refiero a quién ayuda a los trabajadores sociales a estar en buenas condiciones emocionales para poder continuar ayudando a otros, sin cargárselos, sin culpas de nuestras frustraciones, debilidades, cansancio, sin proyectar en otros nuestras frustraciones y vivencias, sin centrar en otros nuestra existencia.

¿Cuánto tiempo del día, de la semana, del mes, del año dedicamos tiempo a nosotros mismos para la recuperación de nuestras energías, a nuestra inhibición y a nuestra realización personal?

Antes de ser trabajadores sociales profesionales, somos personas sensibles, vulnerables al dolor, al miedo, a la tristeza, al rechazo y a muchos otros sentimientos. Es la máscara que ponemos frente a los demás, que genera en nosotros las situaciones de crisis como la que estamos experimentando con el covid-19 coronavirus, en la relación con eventos de la asistencia o de nuestra vida profesional.

Situaciones que desencadenan situaciones de crisis:

1. Frustración por no poder recuperar a la persona enferma.
2. Decepción de la profesión por no proveer los elementos necesarios para generar cambio.
3. Decepción respecto al cliente, por no seguir los consejos.
4. Enojo con el cliente por no responder como queremos.
5. Culpa por no poder ayudar más.
6. Pérdida de control.

La dificultad de asumir responsabilidad de la vida propia y descargarla en otros hace que se proyecte en los clientes, la familia, las insatisfacciones, rotulándolos como “exigentes,” “rebeldes,” manipuladores,”” pesados,” y desmereciendo a las personas y sus funciones reales, lo que agudiza la crisis hasta llegar al agotamiento emocional y físico. Muchas de las condiciones de las personas con las que a diario tratamos ofrecen situaciones que son estresantes para los trabajadores sociales en salud mental o por la misma situación patológica de los mismos, o porque revive inconscientemente asuntos que no resueltos de nuestra vida personal, caso que se debería pedir ayuda profesional, sin embargo, casi nunca sucede igual, por el contrario, los trabajadores sociales aumentan las autoexigencias, ponemos en marcha los autocontroles y el desgaste físico y emocional, agudizando aún mάs el estrés emocional.

De mi formación profesional como trabajador social, he aprendido directa e indirectamente muchos mensajes que hacen de mi un excelente profesional y que afortunadamente hoy me permiten tener una comprensión diferente que me permite vivir y ejercer mejor mi profesión. Quizás, a pesar de la insatisfacción de muchos profesionales, yo siento que persisten dificultades en los trabajadores sociales para poder diferenciar entre:

1. Dar lo mejor que tenemos y hacer lo mejor que podamos, tanto en lo familiar, en lo profesional y socialmente.
2. El descanso es necesario para recuperar energía, disminuir el estrés emocional y recuperar la eficiencia profesional.

Los trabajadores sociales somos juiciosos, disciplinados, meticulosos y dedicados en nuestra labor, al igual que los compañeros de equipos interdisciplinarios. Quiere decir que hemos escogido esta profesión para entendernos primero, atendiendo, controlando a otros y   excluir la autorresponsabilidad mientras nos distraemos, Por lo tanto, al final de la jornada diaria ya no quedan energías para nosotros porque las hemos invertido afuera con otros y sólo nos queda el desgaste cuando menos, o una crisis emocional.

En esta reflexión, hago referencia al síndrome de quemadura emocional (burnout) para confirmar lo antes expuesto y verificado en mi práctica de consulta psicoterapéutica diaria.

El panorama actual luce desolador, en la medida que reinventamos las energías en nuestra persona, aplicando la normalización o el proceso de solucionar los problemas de otros para nuestro propio crecimiento personal y profesional y no tanto hacia fuera como lo estamos actualmente haciendo.

Es importante despojarnos de la máscara que tenemos puesta y que nos involucremos más física y emocionalmente en nuestra labor diaria, dejándonos importar cada día por lo que sucede para poder sentir la necesidad de apoyo y revitalización.

En la medida en que nos comprometemos orgánicamente en nuestras vivencias, en nuestro trabajo, entonces entenderemos mejor nuestra vida y le daremos mejor calidad a ésta en cuanto va a ser mejor vivida, en cuanto va a ser más sensible, más interesante, más intensa y más autentica.

¿Qué podemos hacer para lograr este cambio y dejar de sentirnos inflexibles, exigentes, aplastantes, represivos y proyectivos?

1. Tener contacto personal con los eventos y situaciones de la vida.
2. Participar de grupos de ayuda o de psicoterapia.
3. Desarrollar actividades, gustos, pasatiempos diferentes al trabajo con el propósito de nutrir otras partes de uno mismo.
4. Asistir a actividades socioculturales con colegas, amigos, familiares, parejas.
5. Elaborar procesos de duelo y completar procesos inconclusos para darle más calidad a la vida.

Con la confianza de que todo lo anterior mejora la calidad de vida aún cuando soy imperfecto y con mucho camino por recorrer todavía.

(*) El Dr. César Garcés Carranza, PhD dirige psicoterapia en práctica privada, individual y de parejas en:

– Queens Neuropsychiatric Institute, Queens New York.

https://qcni.nyc/

– Community Counseling Services, Center Moriches, New York

http://communitycounselandlcswservices.com/

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